viernes, 28 de diciembre de 2012

Los pros y contras de hacer dedo


Tras unas horas de cervezas con amigos, me dije en el trip de camino a mi casa en el auto "Voy a llegar y voy a escuchar The Pros and Cons of Hitch Hiking de principio a fin". Dicho y hecho llegué a mi pieza, le di play a la obra maestra y, tras la primer canción entendí que me tendría que despojar de todo lo exterior para meterme de lleno; la canción misma me lo demandaba. Así es como tiré mi colchón al suelo, acerqué una botella de agua y mi pastilla del resfrío, para asegurarme de tenerla a mano, apagué las luces y conecté los auriculares; toda esa movilización para escuchar un disco! Créanme, la música obra de maneras misteriosas. Hacía mucho tiempo que no escuchaba un disco de esta manera y el haberlo hecho con The Prons and Cons... volvió esta situación en uno de los eventos más intensos que tuve en mucho tiempo. Este viaje, que va desde las 4:30 hasta las 5:11 a.m., te lleva por todo lo que corre por la cabeza de un cuarentón que empieza a dudar un poco de todo en medio de la ya harto conocida crisis de los cuarenta. A lo largo del viaje, vivimos las mismas aventuras que corren por la mente de aquel tipo: el tirar el trabajo y todo lo demás al carajo e irse con la esposa e hijos al campo, dejar la esposa e hijos y agarrar la ruta, tener un affaire con ESA mina. Todo para luego despertar con miedo de que su chica, la que siempre estuvo ahí, no estuviera a su lado en la cama y terminar tocándole los cabellos para ahuyentar aquel triste sentimiento. Terrible.

Para Tincho

miércoles, 19 de diciembre de 2012

miércoles, 31 de octubre de 2012

Discos Beta Gaga: Mystery Jets - Twenty One (2008)




Twenty One parece ser un disco más, un disco del montón. Ya saben, la bandita de canciones indie con guitarras afiladas y coros que se te pegan en medio de lo que pareciera el más representativo de los ejemplos de la inercia. Y Twenty One es eso; inercia, canciones que se suceden  con naturalidad en un paseo íntimo por nuestro propio existencialismo.

No busquen vueltas, acá la ingenuidad no es aparente; Twenty One es una ofrenda, un disco que nos abre  gentilmente las puertas de par en par para que lo conozcamos. Si después de todo, es un disco más. Se pueden sentir como los ’60 y los ’80 se mezclan con el nuevo milenio en una pequeña obra que encontraremos agigantada una vez finalizada, con 10 canciones que pasan fugazmente haciéndonos sentir tanta dicha como tristeza, en donde la melancolía, aquí escrita en mayúsculas, se hace real y palpable. 

Twenty One llega y se va, como un disco más. Pero ya nada será lo mismo.